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Un minuto de silencio

Autor crítica: RICARDO ALDARONDO

Valoración del crítico:

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Un minuto de silencio está cargada de buenas intenciones. Habla de la crisis reciente de Argentina, del repentino estado de miseria en que se vio inmersa buena parte de la clase media, del descalabro de un país que era próspero y de pronto no tenía nada. O no tenían nada los trabajadores como Ernesto, que dejó su vocación de payaso para trabajar en una fábrica como su padre recomendaba, y la fábrica le dejó a él y a su amigoel Gordo, en la calle. O en el descampado donde se refugian, acurrucados él, su mujer y sus dos hijos, en una casa de tejabanas.

Nada que objetar a las intenciones de Un minuto de silencio, que se tiene ganado al espectador en su planteamiento. Cómo no estar de parte de esa familia que se encuentra en una situación que "iba a ser transitoria", como se queja la madre (¿cómo se parece Alejandra a su hermano Ricardo Darín!) y no termina de salir de ella. La opción del director y guionista Roberto Maiocco es la del optimismo y la esperanza. Ese encargo le da a su personaje principal: sonreir siempre, no claudicar nunca, falte o no el trabajo y la plata. Maiocco parece enconmedarse a santos bien queridos, de Chaplin a Frank Capra. Pero acaba empujando al actor Eduardo Blanco a convertirse casi en un sosías de Roberto Benigni, aunque más calmado.

No beneficia ese forzado optimismo, en busca de la ternura, al drama que se está contando. En lugar de hacer más cercanos a los personajes, tanta resignación y vuelta a empezar acaba restando importancia y gravedad al terrible panorama social que se encuentra en el origen de la película.

Eduardo Blanco termina por hacerse cansino con su benevolente sonrisa y ese guión que avanza a trompicones se va cargando de tópicos desgastados para despertar la ternura: el circo como símbolo de la inocencia y la decadencia (aunque alguno de los sketches que se desarrollan en él están entre lo mejor de la película), el mar como meta soñada, la infancia perdida... Bienintencionada sí, y esforzada, con sus pocos medios. Pero también melosa. Se valora la voluntad, pero a veces no es suficiente.

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