Autor crítica:
JOSÉ MANUEL CUELLAR
En líneas generales, allá donde hayan metido la zarpa los Cusack, tanto John como Joan, hay que echar un vistazo, por si acaso. Gente de lustre la familia ésta, con carisma, excelentes actores (sobre todo ella, aunque él tenga más calado en el espectador medio), respetados y de una efectividad notoria aquí y allí.
Una vez dicho esto, hay que aclarar que ninguno de los dos es suficientemente valorado por los lares angelinos. Aunque John trae en cartera una muy gorda ("Grace is gone"), ni un hermano ni el otro han entrado últimamente en proyectos de gran envergadura, por lo que se les ve en trabajos de medio pelo como este "El niño de Marte" que nos ocupa.
Una historia simple, clásica comedia romántica norteamericana con niño raro, difícil y padre asustado, más bueno que el pan y con excelentes intenciones. En suma, más de lo mismo con mucho carmín rosa alrededor de toda la película.
No se cansan estos de Hollywood de volver siempre al mismo maltrecho paredón donde las lágrimas crean ríos. Una y otra vez, sin variantes, sólo con diferentes caras y diversas palabras que tienen el mismo significado: un problema que se resuelve con cariño, un poco de uña para rascar en la superficie del niño abandonado y ya. Paquete hecho, listo para la taquilla apoyado en la saga Cusack, que son tipos fiables.
Pero esta clase de trabajos, tan livianos, se quedan a medias de todo: no divierte en exceso, no te hace olvidar todas las penas, no empapa la sábana ni te hace discurrir ni ahondar en el núcleo del problema. Así que sale uno de allí con la impresión de haber visto el vaso medio vacío en vez de medio lleno, y ni siquiera la presencia de los hermanos o la gran belleza de Amanda Peet alivia la sensación de vacío. "Sí, vi una peli de un niño difícil y un padre voluntarioso. ¿Y?"
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