Autor crítica:
BEGOÑA DEL TESO
Seleccionada para ser exhibida en Venecia en la muy honorable sección Giornate degli Autori, la primera película como director del guionista Sánchez-Cabezudo ha sido aclamada hasta enrocarse tras su estreno entre nosotros y comparada indistinta y simultáneamente con Perros de paja de Peckinpah, con el Deliverance de Boorman y con aquel El aire de un crimen de Antonio Isasi que recreaba una oscura novela de Juan Benet, aquella ambientada en uno de esos lugares de nunca jamás, Región.
Comparaciones aparte, también se celebra el guión de Sánchez-Cabezudo como digno competidor de esas películas que suceden y se cuentan desde muchas bandas, películas de, por ejemplo, Tarantino o González Iñarritu. La noche de los girasoles tiene, sin embargo, personalidad propia. Una personalidad férrea, bien trabajada, cincelada con furia y que se acurruca en una naturaleza, un paisaje y unas maneras de vida absolutamente ariscas en su relación con los seres humanos.
En un pueblo perdido en medio de ninguna parte. Unos extranjeros (son del mismo país pero no pertenecen a la misma especie que mora o abandona esos territorios) entran a sangre y miedo, a misterio y crimen en las vidas ya de por sí ténebres de las gentes del lugar. En ciertos sitios donde la soledad se mastica, el miedo ronronea por los tejados, las inquinas crecen al anochecer y los muertos hablan con los vivos, el cine se convierte en un espejo cruel, deformante pero muy exacto que nos devuelve la imagen de la bestia que malduerme en nuestro interior.
La noche de los girasoles tensa los músculos, los ojos, el sistema nervioso, de los espectadores. Sin ningún espasmo innecesario. Sin aspavientos. El miedo, los nervios, la maldad, de cada cual y cada quien se va enroscando en la garganta del público que asiste a una silente y sinuosa danza macabra bailada en la oscuridad, unas tinieblas llenas de miradas. Miradas que proclaman a todos, incluso a los espectadores, culpables, cómplices. Bien por exceso bien por defecto. Por acción o por omisión. Sí, tiene el aire de un crimen en Región y es áspera como un buen Peckinpah. Pero se basta sola para ser una película de raza y cuajo.
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