Autor crítica:
ANTONIO WEINRICHTER
Presentada en Cannes hace casi un año, esta película deslumbró a la crítica francesa que le aplicó el tratamiento "autorista" habitual, frente a la recepción mucho más fría de sus paisanos. Vista ahora, y vistos otros thrillers que se han estrenado mientras tanto, nos alineamos con los americanos: la película tiene un punto álgido al comienzo -Eva Mendes en un sofá en plan fumando espero...- y luego todo es cuesta abajo. No sólo porque Eva no está a la altura de su nombre y resulta ser una buena chica, sino porque el conflicto esencial que se narra acaba diluyéndose en una secuencia final de acción inexplicablemente patosa y pretenciosa a la vez.
La idea de partida es buena sin ser original (la Warner en los años 40 ya la utilizó en varios gangster films): los dos hijos de un severo oficial (Robert Duvall, nada menos) han tirado cada uno por un lado distinto de la delgada línea azul (el color del uniforme de la policía) que separa el bien del mal. Mark Wahlberg y Joaquin Phoenix, dos actores a los que hay que acostumbrarse, encarnan sendos polos, si bien es sobre el segundo sobre el que recae el peso trágico de redimirse al mismo tiempo que se destruye por dentro. Todo lo cual suena más rimbombante que el argumento real, que nunca acaba de decidirse entre el realismo psicológico o las escenas genéricas de acción. Es absurdo comparar esto con el thriller clásico de los años 70; ni siquiera está a la altura de la opera prima del director, una pequeña gema llamada "Little Odessa".
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