Autor crítica:
FEDERICO MARÍN BELLÓN
Entre lo penoso que es el arranque de la película y el desaguisado que algún matarife con título de cirujano plástico le ha hecho a Meg Ryan en el careto, cuesta meterse en esta comedia policiaca, en la que Antonio Banderas demuestra ser el más listo de todos, desde el pitido inicial hasta el descuento. El malagueño es un ladrón de lujo que tiene tiempo de seducir a maduritas operadas -está claro que le van- mientras planea el que puede ser su último golpe.
La mayoría de los chistes provienen de la desinhibida vida sexual de la protagonista y del hecho de que su hijo y su nuera trabajen para el FBI, que por supuesto sigue la pista al sofisticado caco. La buena noticia es que a medida que avanza el metraje (hay que agradecer la moderada duración, horita y media) la cinta se entona y el espectador puede explayarse en un par de áreas de descanso francamente divertidas, sobre todo después de tantos kilómetros de baches. En fin, que con una actriz a la que no le hubieran practicado la "lobotoxmía" y un guión mejor pulido, otro Gallo cantaría, y no sólo el bueno de George, director y guionista, quien hace lo que puede.
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