Autor crítica:
OSKAR L. BELATEGUI
"No me importan tus años, sino tus kilos", le dice el jovenzuelo Paul Rudd a Michelle Pfeiffer en El novio de mi madre, comercialota traducción de I Could Never Be Your Woman (Nunca podría ser tu chica). En el fondo, el tormento de esta cuarentona por resistirse a la edad produce la misma incredulidad que esas películas sobre un patito feo protagonizadas por un bellezón con gafas. Y es que, a sus 48 años, Pfeiffer podría pasar por una chica de veinte.
La directora Amy Heckerling (Mira quién habla) se basó en su experiencia como madre soltera empleada en la televisión que intenta ligar después de los treinta. En el filme, Pfeiffer es una productora televisiva que aguanta a su ex marido un año después de divorciarse y a una hija adolescente. La aparición de un joven actor en un casting revoluciona su libido y la lleva a convertirse en la señora Robinson de El graduado.
No es la única cita cinéfila en una comedia romántica plagada de ellas: así, el marido también se queda prendado del muchacho y afirma que forman un triángulo como Bruce Willis, Demi Moore y Ashton Kutcher. Apuntes de ingenio en un previsible enredo que llenará las salas de público femenino, donde no falta la deslenguada amiga de la protagonista y escenas un poquito más atrevidas de lo habitual, como cuando la desbordada madre acude junto a su hija a comprar compresas en su primera regla. La propia Heckerling reconoce que los jefazos del estudio pensaron que la cinta sólo interesaría a mujeres maduras, "un público que tachan de indiferente porque piensa".
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