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No es país para viejos

Autor crítica: Raúl Martínez

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No sé si es que tengo una tendencia natural a llevar la contraria, pero lo cierto es que "No es país para viejos" no me ha parecido ni la mejor película del año ni la gran obra del cine estadounidense de los últimos tiempos, ni siquiera la mejor película de los Coen, como se está diciendo por ahí.
Particularmente, si es de cine negro de lo que hablamos prefiero Sangre fácil. Si es de un thriller de persecuciones, mejor Fargo.
Y si lo que le da el valor añadido al último film de los Coen son las resonancias míticas de personajes arquetipo –por ejemplo, el de Javier Bardem como símbolo del mal absoluto- mejor Muerte entre las flores.


Por ello, lejos de poder marcar un nuevo punto de partida en su carrera, si acaso el valor de No es país para viejos está en recoger en una sola receta todos los platos de cine negro que los hermanos Coen nos han servido en veinticinco años de fabulosa carrera. Y conste que esta adaptación de la novela de Cormac McCarthy me ha gustado, es sólo que no me uno a la vertiente crítica que se ha arrodillado ante ella, en especial buena parte de la crítica norteamericana. Sé que lo que voy a escribir es una auténtica exageración, pero francamente prefería a los Coen desprejuiciados, incorrectos y gamberros de Ladykillers, que a éstos hermanos de No es país para viejos, que dan la sensación de estar preocupados por agradar, que se despojan de su mundo personal –al menos tal y como lo habíamos conocido hasta ahora- para hacer una película austera, seca, prestigiosa.


Considero que lo peor de la película es precisamente lo que más ha gustado a la crítica: el famoso giro que se produce en el último cuarto del film cuando, sin comerlo ni beberlo, se produce una brutal elipsis que da como resultado el fin de la película como thriller de persecución y el comienzo de una coda final dedicada a la reflexión que da título a la película: no es país para viejos, la nostalgia de tiempos quizá no mejores ni menos duros, pero en los que personajes como el de Tommy Lee Jones sabían cómo moverse. Aquellos en los que uno podía ser sheriff sin ir armado. Una reflexión que remite a los westerns crepusculares de los 70 y que, aunque siempre bienvenida, ya hemos visto mejor expuesta en otros filmes (véase casi cualquier western de Peckinpah de la época).


Al parecer el mérito de esta elipsis es que no hace concesiones al espectador, ante lo que me cuestiono si no hacer concesiones al espectador significa realizar cortes tan bruscos en la película que te saquen de ella, fragmentarla del modo en que se ha hecho. Francamente, no alcanzo a entender el valor de esta elipsis.


Todo lo anterior es francamente excelente: la tensión de secuencias como aquellas en las que Josh Brolin está en un motel de mala muerte a la espera de que la parca (o sea, Javier Bardem) venga a por él, o aquella otra que va a pasar a la historia seguramente como la más recordada de la película: ¿Qué es lo máximo que ha perdido a cara o cruz? Secuencia protagonizada por un Bardem que está espléndido a lo largo de toda la película y que merece todos los premios que le están cayendo y alguno más.


En definitiva, si vais pensando en ver la gran obra maestra del año puede que salgáis decepcionados/as, pero desde luego No es país para viejos es cine del bueno, del que hay que ver sí o sí. Y, especialmente en este caso, mejor si es en VOS porque los doblajes de Brolin y Bardem no son - a mi juicio particularmente afortunados…

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