Autor crítica:
Jesús Casañas
Hogareño, bohemio, amante de su esposa, antidespótico y profeminista. Así es el Rembrandt que Peter Greenaway nos muestra en La ronda de noche, film en el que el cineasta lleva a la gran pantalla la etapa más oscura de la vida del pintor. La acción transcurre a raíz del encargo que el artista holandés recibe por parte de la Corporación de Arcabuceros de Ámsterdam para decorar la sede de la milicia, que siguiendo la tradición de sus predecesores, quiere verse inmortalizada de forma grandilocuente en un lienzo. Poco amigo de las armas y el militarismo, Rembrandt muestra sus reticencias a realizar el trabajo, pero finalmente accede gracias a la persuasión de su esposa Saskia, que espera en su vientre a su futuro hijo varón. La disposición dentro del cuadro se vuelve rápidamente objeto de envidias, acusaciones e intentos de soborno por parte de sus integrantes, que, tras su fachada de hombres influyentes y respetables, empiezan a dejar ver sus verdaderas caras, hasta tal punto de urdir el asesinato de uno de los miembros. Lo que comienza casi como una obligación laboral, irá trasformándose poco a poco en una forma de denunciar los crímenes, abusos y excesos de los que hacen uso los milicianos. La parte más oscura se encuentra en el orfanato, donde los niños sufren continuos abusos sexuales a cambio de sendas donaciones por parte de la aristocracia local. Hundido en la tristeza por la muerte de su esposa, Rembrandt se verá abocado a enfrentarse con toda la cúpula de poder holandesa.
Empapado de su obra y su estilo, Peter Greenaway recrea el universo de Rembrandt de una forma casi pictórica, poniendo, al igual que el protagonista, especial énfasis en los colores y los contrastes de luces y sombras. De este modo, las secuencias y los planos son concebidos como auténticos cuadros, y plasman de manera magistral escenas tan dramáticas como el entierro de Saskia o el suicidio de Marieke. Por otro lado, el teatro, del que gustaba tanto el autor holandés, sirve igualmente al realizador para narrar esta historia de ocultismo, traiciones, miseria y soledad, donde los personajes desarrollan la trama en decorados fijos (el dormitorio, el estudio, la bohardilla) como si de una obra teatral se tratase. Todo ello, rematado con la interpretación de Martin Freeman, hace de la película una más que interesante vía para conocer más a fondo la personalidad de este maestro del realismo.
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