Autor crítica:
BEGOÑA DEL TESO
Le hemos visto tantas veces en peligro que una más no importa. Ni importa ni nos sobresalta. Sabemos el juego y lo seguimos. Alguien quiere matar al Presidente de los Estados Unidos de América. Bien. Nos dejamos llevar. Al fin y al cabo, quien más quien menos, tenemos vistas En la línea de fuego, La sombra del testigo,JFK y algunos episodios de El ala oeste. Por lo demás, sabemos que Clark Johnson, el director, firmó unos cuántos episodios de la mítica Canción triste de Hill Street, razón suficientepara perdonarle su película SWAT. Otro dato interesante en nuestro poder es que el guionista escribió hace bien poco esa comedia oscura y criminal titulada Oceans eleven. Sabemos el juego, nos gustan los mimbres con los que está construido, y confiamos en el reparto, compuesto por primeras damas del cine, aspirantes al trono, y caballeros recios. Sabemos el juego y lo seguimos a gusto y con gusto por mucho que algunas revueltas del guión nos parezcan atrozmente rebuscadas; por mucho que más nos hubiera agradado que la película no sonara tanto a déja vu, no dejara de importarnos tan pronto quién es el culpable y nos resultara tan poquita cosa el actor que interpreta al señor presidente.
Seguimos el juego. ¿Por qué no? Hay falsos culpables, acción, ritmo, coartadas que de nada sirven, un montaje impresionante y un puesta en escena soberana. Seguimos el juego pero, como siempre pasa, al final no nos la dan porque todos, hastacasi casi el director de fotografía, se saltan a la torera, a la navarra, a la garrocha, la credibilidad. La credibilidad universal, la del cine en particular, y, en gran medida, la de la política ficción. Seguimos el juego porque está la Basinger. Y la Basinger es mucha Kim. Como para no seguirle el juego. Pero que no se crea que no sabemos en qué terreno estamos jugando: La sombra de la sospecha, realizada con oficio, eficiencia y eficacia, es la silueta de otras muchas películas que todos amamos. O no. Pero le seguimos el juego. Porque se ve de un tirón. Aunque, francamente, echamos en falta la profesionalidad de los agentes del CSI. Los servicios secretos de la Casa Blanca son, en serio, un asco.
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