Autor crítica:
JAVIER CORTIJO
Nuevo y meritorio (algo menos que otros, pero ya se sabe que no todo el monte es orégano) pistoletazo de salida para la carrera de un director español, sin duda la mejor noticia que le puede caer en suerte a nuestra industria, o gremio, o corrillo, o lo que sea. Principalmente por un doble motivo: no hay ni medio componente sobrenatural en sus cien minutos de duración (no es por nada, pero tampoco conviene cebar a la gallina de los huevos de oro, que nos conocemos), y no mete codazos al espectador ni un diálogo acartonado, panfletario o engolado, pese a que la localización escogida por Tom Fernández (una Asturias con diversas osteoporosis sociales, incluyendo la jugosa crisis minera) se presta al juego.
Es más, quizá "La torre de Suso" podía haberse grabado con las ya viejas técnicas del Dogma 95, de tanta campechanía y camaradería que asoma en la superficie, mientras que en las vetas más profundas reposa el fracaso amargo que viven los protagonistas, cuatro cabezas de avestruz a los que no les queda más remedio que desenterrar el orgullo para homenajear a su amigo muerto, aunque sea con cuatro palos haciendo el pino.
Escenas inspiradas (todas las de Emilio Gutiérrez Caba y la mayoría de las de Javier Cámara, y eso que no se pierde ni un fotograma), y otras estiradas y poco naturales (el puchero estampado materno o las embarrancadas relaciones sentimentales de los protagonistas) cuajan un debut bien escanciado, aunque con algunos posos de corcho en el fondo. Como a los amigos, se le perdona la torpeza.
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