El estilo de la película va a ser siempre enormemente importante a la hora de transmitir la tensión y el trauma de la historia.
Ben Davis, director de fotografía, cuyos títulos de crédito incluyen Rosas rojas y Layer Cake - Crimen organizado, fue el responsable de traducir las ideas de Webber a un estilo visual. "Lo esencial de esta película es que tiene muchas texturas diferentes -explica Davis-. Tiene estaciones diferentes, estados de ánimo diferentes y períodos de tiempo diferentes. También nuestro protagonista principal cambia radicalmente desde el comienzo hasta el fin, de manera que el estilo de la película cambia con él."
La historia dio a Davis la oportunidad de explorar diferentes estados de ánimo, algo que le apetecía: "Visualmente, el filme sigue el largo viaje de Hannibal, comenzando en la Lituania de la guerra, que es un período muy negro en su vida y que se refleja en un estilo muy oscuro, desaturado, granulado. Hay muchas sombras, mucho negro. Después escapa de la Europa del Este, cruza la frontera y llega a la Francia de posguerra. Resulta muy claustrofóbico al principio, pero se despeja cuando escapa. Estamos en el exterior por primera vez, de manera que hay más tomas amplias para transmitir una sensación de libertad.
Y como me parece que ésta es la única parte de su vida que resulta agradable de algún modo, los colores se vuelven más cálidos".
El final, el violento crescendo de la película, fue un reto creativo en cuanto a iluminación. "Es como un descenso hacia la locura, algo que se refleja en el estilo, cuando la película se convierte cada vez más en un filme negro. Peter ha sido una elección fantástica como director para este proyecto, porque él, al igual que Gaspard, tiene un gran sentido de lo macabro.
En la película, hay escenas que se tienen que manejar con mucha sutileza y así lo ha hecho, aportando algo nuevo a las películas sobre Hannibal. Esta sutileza en su enfoque es la clave."
Los intérpretes valoran de verdad la habilidad de Ben Davis para iluminar. "Ben es un gran cinematógrafo -afirma Ulliel-, la luz es asombrosa. Esto es verdaderamente importante en una película como ésta, porque crea la atmósfera de suspense y terror."
Allan Starski, diseñador de producción, que ganó un premio de la Academia por su trabajo en La lista de Schindler y recibió numerosas nominaciones y premios por El pianista, se encargó de crear el estilo de la película.
A Starski la primera inspiración le vino del guión: "Los conocimientos de Thomas Harris son fantásticos y me ayudaron realmente porque sus descripciones son muy buenas".
Webber explica: "Nuestro attrezzo parece real. Por ejemplo, los tanques rusos tienen un aspecto pobre, llevan una bici atada en la parte posterior, llevan latas de pintura. No es agradable ni prístino lo que suele verse en películas bélicas. Allan se crió en Polonia durante la época comunista y tiene suficiente edad como para recordar la guerra mundial. Esto es estupendo, porque puede aportar ese nivel de autenticidad a la película".
La preocupación de Starski por la autenticidad influyó incluso en cómo pintó los platós. "El piso de Lady Murasaki en París es muy elegante, pero pertenece a su padre y debemos creernos que tiene una historia -explica-. Por tanto, incluso las paredes tienen que ser fieles a esa historia y parecer como si hubiesen sido pintadas hace ocho años y no cuatro días atrás. Quiero mostrar el proceso de envejecimiento con las capas de pintura."
Este anhelo de perfección fue apreciado por los actores, como Stephen Walters, que interpreta a Milko y nos explica: "Estar rodeado de unos platós tan auténticos ayuda de verdad a los actores.
Cuando Hannibal llega por primera vez a Francia, mantenemos un look juvenil y empleamos muchos colores ligeros y ropas originales de los cincuenta, pero cuando se marcha a París, sus ropas se vuelven más estilizadas y más austeras. La última secuencia se interpreta llevando una prenda negra con cuello de cisne, que destaca francamente su rostro y su cabello alisado hacia atrás. Tiene un aspecto muy amenazador."
A Sheppard le encantó vestir a Gong Li. "Utilizamos un elemento japonés muy estilizado en sus saltos de cama, la forma de su kimono.
Logré encontrar algunos kimonos originales de los cuarenta. En el momento en que nos trasladamos del palacio que fue el hogar de su marido hasta la residencia familiar en París, ella se convierte en una parisina muy chic y, prácticamente, desaparecen los anticuados elementos japoneses."
El apretado programa de Gong Li presentó algunos retos: "Se crisparon bastante los nervios, porque me reuní con ella sólo una vez cuando fui a Miami para discutir sobre su personaje, pero no la volví a ver hasta que llegó al plató -explica Sheppard-. Todos sus trajes se confeccionaron sin que mediaran pruebas, de modo que hubo que realizar un montón de cambios.
Sentí un poco de miedo, pero ella fue fantástica, se puso unos trajes que jamás había visto y salió directamente a escena. Todo se resolvió a la perfección".
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