La diseñadora de vestuario Alexandra Byrne, que creó un vestuario realmente espectacular para Cate Blanchett en Elizabeth, dice: “La ventaja de haber trabajado en la primera película es que conozco bien el periodo por todo lo que estudié entonces. En cierto modo, eso me da mayor libertad para ver la época de forma más tangencial, leer más acerca de Elizabeth I de Inglaterra, en vez de limitarme al material de referencia”.
“En todo lo que leía al respecto”, sigue diciendo, “se hacía referencia a su aspecto asombroso, sus vestidos y belleza espectaculares. Sentí que era importante transmitir esa sensación al público y hacer que fuera, en cierto modo, más accesible de lo que suele ser en los dramas históricos”.
La diseñadora se inspiró en el trabajo del modisto español Balenciaga, que había reinterpretado varios cuadros históricos en los años cincuenta, algunos del periodo Isabelino. Alexandra Byrne dice: “Me atreví a dar el gran salto. Elizabeth I de Inglaterra era un símbolo de la moda en su época. Me pareció que así cobraría relevancia para el público actual”.
Cate Blanchett añade: “Elizabeth variaba su apariencia según qué imagen quería dar, y este concepto está incluido en la película. Algunos trajes y maquillajes son reveladores, tienen mucho que ver con lo que está escrito entre líneas. Morag Ross creó 16 pelucas; las había alegres, trágicas... Hablamos de la persona pública y de la privada. Alex Byrne diseño trajes realmente impresionantes. Tiene un sentido del color muy emocional y fascinante. Una de las progresiones más interesantes fue durante el viaje de Elizabeth hacia Tilbury, cuando endurece su corazón para olvidar a Raleigh. Al final, cuando va en su caballo blanco, se convierte en guerrero, en una Juana de Arco”.
Geoffrey Rush está de acuerdo: “La mayoría de nosotros no pensamos que fue un periodo con aspectos vibrantes, sensuales y excitantes. Alex ha plasmado el auténtico carácter de los trajes que se ve en los retratos. Les ha dado vida y son mucho más accesibles para las miradas del siglo XXI”.
En opinión de la diseñadora, esta segunda película le permitía ampliar la visión artística de la primera: “En Elizabeth vemos a una muchacha, a una princesa que se convierte en reina. Usaba su ropa para estar más segura de sí misma. Ahora está firmemente establecida en el trono, se siente segura y su estilo lo refleja. Va camino de la inmortalidad”.
El trabajo de Alexandra Byrne fue algo más difícil porque en ningún momento hay una imagen emblemática de la Reina sentada en su trono. La diseñadora dice: “Establecimos esa imagen mediante el vestido rojo en la primera escena. Se viste con gran formalidad cuando ejerce de reina, lo que da pie a ropa más informal en otros momentos”.
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