José Luis Cienfuegos: "Nuestro cine no cae en la frivolidad"

Fue en la edición de 1995 cuando José Luis Cienfuegos (Avilés, 1964) se hizo cargo de la dirección del Festival de Cine de Gijón. Una responsabilidad que le llegaba a un incondicional amante del séptimo arte en pleno vigor juvenil, pero teniendo por delante un compromiso de peso notable. Trece años después -que aquí las supersticiones sobran-, concluida la semana que en esta ocasión ha concedido el galardón mayor de la sección oficial a 'Liverpool', del argentino Lisandro Alonso, Cienfuegos mira hacia atrás y hace balance del itinerario.
Pregunta: ¿Qué recuerda del momento en el que asumió la dirección del certamen?
José Luis Cienfuegos: La inconsciencia casi adolescente de los primeros años, y lo que costó ir convenciendo de la necesidad de una programación con otras perspectivas y que recuperase el festival para la ciudad en su conjunto.
P: ¿Hubo muchas resistencias para ese cambio?
JLC: Los primeros años, sí. No se comprendía bien hacia dónde queríamos ir. El tiempo ha ido quitando la razón a esas críticas. Esa gente ha desaparecido, forma parte del pasado, y lo que toca es olvidarse de los disgustos injustos que sufrimos. El festival ha remontado el vuelo y creo que lo mejor es advertir que ha ido adquiriendo un carácter mucho más profesional en todos los niveles, en las proyecciones, en los grupos de invitados, en el eco que suscita en los medios de comunicación...
P: Los más elogiosos lo comparan con Sundance...
JLC: Sundance es importante para la industria cinematográfica nortemericana, y en ese sentido, me parece que nosotros no tenemos la misma repercusión en la industria española. En lo que sí podemos sentirnos identificados es en el espíritu de aliento a los nuevos realizadores, a un cine abierto y rebelde. Visto de ese modo, es un piropo que se establezcan paralelismos con Sundance.
P: ¿Qué sensaciones le deja esta edición que acaba de concluir?
JLC: Que paso a paso, la calidad se va haciendo más óptima, en las proyecciones, en la repetición de las películas, o en algo que considero también muy relevante, que es el número de encuentros con el público por parte de directores y actores. Han sido treinta y tres encuentros. Y hay otros detalles que pueden antojarse menores, como es la venta de entradas por internet desde una semana antes del comienzo del festival.
P: Hablaba de recuperar el festival para la ciudad de Gijón. ¿De qué modo se integra en el tejido social?
JLC: Yo creo que se percibe de una manera viva y cercana. Lo notas hablando con taxistas, en los restaurantes, en las tiendas. Y lo bonito de los últimos años es la gente que se añade desde otras comunidades españolas.
P: ¿Se sabe de qué comunidades proviene el mayor volumen de visitantes?
JLC: Por las reservas que facilitan los hoteles de la ciudad no tendríamos una fiabilidad segura. Pero lo que indican los coloquios es que proceden del País Vasco, de Cataluña, de Valladolid... Es decir, de lugares en los que también hay festivales de cine.
P: ¿No han notado la crisis económica que afecta a todo el mundo?
JLC: La verdad es que por el número de espectadores no podemos decir que la hemos notado. Y creo que la sensación de los hosteleros es que durante diez días se ha reanimado la ciudad. Son diez días de fiesta, que incluso pueden servir de vía de escape ante las malas noticias.
P: Algunos pesimistas opinan que el cine convencional está en trance agónico, mientras que otros sostienen que hallará la supervivencia precisamente en el cine independiente. ¿Cuál es su opinión?
JLC: Es absurdo suponer que el cine muere. Lo que ocurre es que hay muchas maneras de hacer y de ver cine. Tal vez el cine comercial está perdiendo clientela, pero esa no es nuestra lucha. Los festivales son un punto de encuentro que apuesta por un cine no limitado a los esquemas clásicos, orientado a una narrativa que es la que buscan los espectadores, los cineastas o los periodistas que acuden a estos certámenes. El cine de autor goza de muy buena salud. Por ejemplo, es significativo que una película como 'Nowhere' reuniera un martes a las diez de la noche en el Teatro Jovellanos a 915 personas.
P: Sin embargo, ¿no continúan existiendo dificultades ostensibles para trasladar este cine a los circuitos comerciales?
JLC: Cuesta mucho, es cierto, explicar y vender según qué películas. Y una de las dificultades es la escasa acogida de las distribuidoras independientes en los medios de comunicación.
P: ¿Diría que hay un nervio común en las películas que este año pasaron por la sección oficial? ¿El desarraigo familiar, la soledad, el silencio que se hace grito?
JLC: Esta ha sido una de las ediciones más heterogéneas de los últimos años. Nada tienen que ver las películas 'Una historia completa de mis fracasos sexuales' y 'Vals con Bashir', por ejemplo. Ha habido un cierto equilibrio. Se ha tratado el desarraigo familiar, pero también hemos tenido más comedias que nunca.
P: No obstante, ¿la proximidad a la realidad sería el enlace?
JLC: Eso es algo común en todo el mundo entre las producciones de cine de autor. Lo estimulante es que esa realidad se ofrece desde distintos ángulos. Desde la poesía visual de 'Three Monkeys' a la radicalidad de 'Salamandra'. Es un amplio espectro. En lo que nunca cae es en la frivolidad y en lo demasiado previsible.
P: En el otro extremo, ¿acepta que películas como 'El cielo, la tierra y la lluvia' acaben siendo excesivamente morosas?
JLC: Yo diría lo que ha expuesto Lisandro Alonso (director de la película ganadora, 'Liverpool'), que él invita a un paseo en el que pueden acompañarlo o no. Ese paseo puede ser más o menos contemplativo, más lírico o más dinámico, y siempre es lícito si somos capaces de romper ataduras prejuiciosas.
P: ¿Cuántas películas se presentaron a concurso?
JLC: Mil diecisiete, más todas las que hemos visto Fran Gallo y yo en los festivales de Rotterdam, Berlín, Buenos Aires, gijonfestival o Venecia. Es el trabajo de todo un año de un equipo, eso quiero resaltarlo, aunque yo sea quien ponga la imagen, somos un equipo. Son treinta personas que cumplen como si fueran cien.
P: ¿En alguna ocasión ha tenido la tentación de pasar al otro lado, de dirigir una película?
JLC: No, no, no. Soy muy pudoroso y, además, tengo la impresión de que montar dos planos es el ejercicio artístico más difícil del mundo. Mi tarea es la organización.
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