01.12.2007
Tsukamoto dice ser heredero de Kurosawa y seguidor de la belleza de Leonardo da Vinci
El director japonés es homenajeado en el certamen con una retrospectiva de su obra y libro 'Poeta y guerrillero del cinematógrafo'
P. M.
Si hubiera que resumir en tres pilares la obra de Shinya Tsukamoto, director y también actor japonés homenajeado este año en el Festival de Cine, el primero sería el maestro Kurosawa, como concepto de cine, referencia constante y voluntaria «que marcó», dijo ayer en Gijón, su «manera de filmar». El segundo, la perfección como búsqueda imparable que le obliga «a tratar mismos temas desde diferentes puntos de vista», respondiendo a una forma «muy oriental de hacer cine», que, sin embargo, no asumía como propia, según contó ayer, hasta que se encontró en su camino con los autores del libro 'Shinya Tsukamoto. Poeta y guerrillero del cinematógrafo', que fue presentado también en la novena jornada del Festival. «Cuando ellos me lo dijeron caí en la cuenta. Hasta entonces pensaba que tratar los mismos asuntos de diversas maneras no era algo intencionado», admitía ante dos de los autores de la publicación, Daniel Aguilar y José Luis Rebordinos.
El tercer gran soporte del trabajo de este creador de «cócteles molotov», como lo define en el citado libro David Martínez, bien pudiera ser su pasión por los antihéroes. Son parte de su cultura, como lo es Kurosawa: «He crecido con las películas de los setenta, con personajes como el De Niro de 'Taxi driver', que fue uno de los que más me influyó. Para mí la esencia del antihéroe es la más atractiva», dice.
Hay otras muchas referencias más bajo este gran triángulo omnipresente. Entre ellas fueron confesadas ayer la que profesa a David Cronenberg, pero también al mismísimo Leonardo da Vinci, cuyo nombre pronuncia Tsukamoto con pasión, asegurando que desde que iba al instituto estuvo persiguiendo su arte, primero sin saberlo «en todos mis dibujos» y luego, con toda consciencia «al conocer cómo trataba la anatomía humana».
El director japonés estudió Bellas Artes y eso se nota, dicen sus analistas, pues vierte sus intereses plásticos en todas sus películas, repletas de tejidos de carne, pero también de caricias. Ayer explicó que al final lo único que quiere contar, «el verdadero sustrato de mi obra, es la lucha de un monstruo contra la cotidianeidad». . |
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