Atraído por el cine desde pequeño, Paul Auster ve sus películas como una extensión de su oficio como contador de historias en otro lenguaje. Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, galardón que disparó su popularidad en nuestro país, el escritor neoyorquino mantiene una estrecha relación con la gran pantalla, en la que debutó con los guiones de ´Smoke´ y ´Blue in the Face´ -cinta que codirigió con Wayne Wang- y más tarde se bautizó como director con ´Lulu on the Bridge´.
El autor de ´Brooklyn Follies´ y ´El libro de las ilusiones´ ha vuelto a sentarse en la silla de director con ´La vida privada de Martin Frost´, una historia "extraña" protagonizada por David Thewlis, Irene Jacob y su hija Sophie que este domingo se presentó, fuera de concurso, en el Festival de San Sebastián, donde, además, es presidente del jurado.
Entre película y película, Auster, de 60 años, se toma un descanso y, purito a purito, habla con los periodistas, ante los que se presenta como un "dinosaurio". "No tengo coche, ni móvil ni ordenador. Tengo una vieja máquina de escribir, pero prefiero hacerlo a mano", asegura este artista que el próximo año lanzará una novela "muy complicada", ´Hombres en la oscuridad´.
PREGUNTA: Elaborar un palmarés con otras seis personas o promocionar su película ¿En qué papel se siente más cómodo?
RESPUESTA: Estoy más emocionado y nervioso por enseñar ´La vida privada...´ -se estrena en España el 9 de noviembre-. He sido miembro del jurado en Cannes y Venecia, y estoy acostumbrado a juzgar, lo hago siempre que escucho una canción, leo un libro o voy al cine. En nuestro día a día siempre estamos valorando lo que hacen otros, la diferencia es que aquí damos premios a los que creemos que se lo merecen.
P: Como presidente, tendrá que conciliar posturas previsiblemente opuestas.
R: Después de haber hecho una película, dirigir a un jurado es fácil. Tengo buenos compañeros de viaje, por el momento lo estamos pasando bien y la primera reunión que hemos tenido ha sido muy interesante.
P: Dice que su película es un cuento sobre un hombre que escribe un cuento de un hombre que escribe un cuento. Una definición muy ambigua.
R: Lo és. No se puede tomar literalmente porque resulta absurda. Es una metáfora sobre la vida, el amor y la inspiración. Es una historia sobre la imaginación excéntrica y extraña porque no hay muchos argumentos como éste en el cine actual. He hecho dos películas porque lo primero que me vino fue la imagen, no la palabra, pero no me considero director. Nunca lo seré. La vejez y la muerte
P: Tanto en su obra fílmica como en su narrativa repite elementos.
R: Siempre intento hacer algo nuevo, ir contra lo que he hecho antes, pero inevitablemente salen tus obsesiones y los pensamientos recurrentes como las historias dentro de las historias, la línea entre lo real y lo imaginario...Espero haber evolucionado porque mis primeros libros reflejan mi preocupación por la relación padres-hijos, la familia, la pobreza, el dinero...Ahora me importa más la vejez y la muerte
P: Hablando de la familia ¿qué opina de su hija como actriz?
R: Tiene mucho talento y es muy manejable. Se adaptaba a las escenas sin problemas.
P: Su protagonista dice que leer es malo para la salud.
R: Sólo es un comentario irónico.
P: Como narrador de historias ¿qué le aporta el cine?
R: Es un medio que ha cambiado mucho. Sigue habiendo grandes directores, pero en Estados Unidos cada vez es más complicado hacer cine independiente y, si lo consigues, tienes graves problemas para distribuirlo. A EE.UU. cada vez llegan menos filmes extranjeros. La situación es terrible porque la mayoría de las producciones norteamericanas son idioteces y están dominando la cultura mundial.
P: Usted fue muy crítico con las elecciones de 2000. Dijo que los republicanos se las habían robado a Al Gore.
R: Lo sigo pensando. Fue un golpe de estado legal. Con Gore en el poder, estos últimos siete años hubieran sido muy distintos. Estoy muy enfadado con lo que está pasando en mi país, no podemos seguir en la actual dirección. Los demócratas tienen muchas posibilidades de ganar, pero todavía queda un año en el que puede pasar de todo. Los americanos están asqueados con Bush, el presidente más despreciable que yo he conocido, ni siquiera Nixon al final de su mandato fue tan despreciado. |