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CUENTO DE HERMANDAD
21
de octubre de 2006
‘Azur y Asmar’ muestra
las diferencias entre oriente y occidente y enseña
que una convivencia entre los dos mundos es posible
NADA más
adecuado que un hermoso cuento de hermandad para abrir el
Festival. Una historia que comienza desde las imágenes
de una mujer árabe dando de mamar a un niño
blanco y a su propio hijo, Azur y Asmar. Dos hermanos de diferente
raza y que en un momento determinado, cuando Azur debe de
ir a la ciudad para seguir con su formación, tienen
que separarse en una de las pocas secuencias crueles del filme.
Después el reencuentro significará la búsqueda
del Hada de los Djins en una rivalidad que va recuperando
poco a poco la unión y el cariño de antaño.
Todo resulta políticamente correcto, lo que es positivo
en estos momentos de confrontación entre arrebatadas
minorías.
Si la película tiene un claro mensaje pacifista es
curiosa la estructura de los 99 minutos de magia. Por una
parte el costumbrismo, en una secuencia que pudiera parecer
larga pero que nos muestra todo el sustrato de un poblado,
por ejemplo marroquí, con los patios, los burros que
caminan por la Medina, las tiendas, los tintes y todo aquello
que lo define. Como contraste está el otro contexto,
el del gran palacio, parecido a la Alhambra, en el que vive
la antigua nodriza, o el todavía más lujoso
de la pequeña princesa. El ceremonial sustituye aquí
la voz de la calle.
La tercera parte del filme entra de lleno en el mundo de la
fantasía. Los dos hermanos tienen que pasar unas duras
pruebas para llegar a salvar al Hada de los Djins. Un león
rojo, un pájaro que parece el fénix, unas puertas
misteriosas son los elementos, muy bien captados por la animación.
Al final una danza con un claro significado social y político
pone fin a esta historia que resulta más profunda de
lo que puede parecer en una primera visión.
Michel Ocelot ha superado ‘Kirikú y la Bruja’
película muy sencilla y honesta, con este despliegue
de imágenes en las que cuenta más que la pura
animación la escenografía, con momentos brillantísimos
de imaginación y color. En ciertos aspectos tiene algo
de las figuraciones de Hiyazaki, pero manteniendo su personalidad.
Los personajes están dibujados con trazos sencillos,
los dos hermanos en su configuración física
son opuestos pero igualmente atractivos. Los ojos azules opuestos
a los ojos negros van más allá del rasgo, ya
que los árabes consideran que da mala suerte ese color
azulado, que tienen una significación precisa en la
idea social de la película. En cambio los objetos,
los paisajes en sus aspectos reales y fantásticos están
mucho más elaborados y juegan con varias formas estéticas
sin dudar en utilizar el ‘kistch’ cuando parece
oportuno y de manera intencionada creando una atmósfera
onírica con cierto sentido crítico y humorístico.
El filme, con esta complejidad que hemos indicado, busca la
atracción de todo tipo de espectadores, por esa razón
puede parecer en principio un poco blando ya que hay pocos
personajes negativos en comparación con los positivos.
‘Azur y Asmar’ no pretende en ningún momento
el realismo pero marca siempre el contexto de dos civilizaciones
diferentes que pueden llegar perfectamente a entenderse.
La incipiente polémica sobre si un filme de animación
era el adecuado para inaugurar el Festival queda así
zanjada. Lo que es necesario es que la película que
abra esta oleada de filmes tenga calidad y no puede dudarse
del interés y la magia de esta obra que esperemos tenga
entrada en las salas comerciales.
Texto:
Fernando Herrero
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