A pesar de que el balance de la 52 edición es positivo, dice que está cansado, se siente solo y desea tomarse una semana de distancia para poder pensar en el futuro del certamen y, sobre todo, en el de los ciclos./MARÍA AURORA VILORIA
Juan Carolos Frugone./ GABRIEL VILLAMIL
LLEVA dos festivales y medio
como director de la Semana
Internacional de Cine de
Valladolid, ya que la 50 edición,
la del cumpleaños, se la
encontró medio organizada
por el equipo anterior y sin tiempo para
hacer cambios. Desde entonces ha estado
pidiendo quien le libere de determinadas
tareas de organización para poder dedicarse
a su misión, que es la de
idear y programar. Y, sobre todo,
que se trabaje todo el año y no se
empiece en septiembre, como hasta
ahora. Quizá por eso dice que
está cansado y que únicamente piensa en
tomarse una semana de vacaciones para
poder reflexionar sobre el futuro del certamen.
Además, se encuentra solo, sin
nadie con quien poder discutir sus proyectos.
Y todo pese a que este año la
Seminci ha tenido, indiscutiblemente, un
nivel superior.
-¿Cuál es su balance de la 52 edición?
-Este año parece que es mejor que el
anterior, por lo que dice el público, que
considera buena la selección de la Sección
Oficial, ya que da la impresión de
que es lo único que interesa y lo demás
no existe. Sin embargo, yo creo que las
dos eran parecidas y que en la 51 Semana
hubo una sección documental, la de
Tiempo de Historia, excelente. Esta vez
también ha sido un éxito la exposición
de los diseñadores de vestuario,
por la que hace unos días
habían pasado 6.000 personas.
Así que el balance es positivo.
-¿Y el resto del Festival?
-En Punto de Encuentro y en Tiempo de
Historia se han proyectado películas interesantes
y también el ciclo Grimaldi ha
servido para conocer parte de su producción,
aunque sean cintas muy famosas.
Pero el que ha tenido un gran éxito ha
sido el de Efectos Especiales en el Cine,
que ha funcionado muy bien en el Patio
Herreriano. Está en principio dedicado al
público universitario y a mi me parecía
que el Museo de la Ciencia era el sitio
más adecuado, pero parece que los espectadores
no piensan igual.
-Al principio se registraron fallos técnicos
con las entradas y las proyecciones.
-Sí, aunque unos y otros se solucionaron
el primer día. Procuramos tenerlo todo
previsto a principios de octubre pero hay
quien lo deja para el último momento.
Hay muchísimos directores que no son
productores y que vienen con su copia
en la mano, con la consecuencia de que
si está en mal estado te quedas sin película,
como pasó con 'Naranjo en flor'. En
cambio, si la envían pronto el problema
se puede arreglar.
«No tengo con quién discutir ideas
y que te contradiga para poder
clarificar los proyectos»
«En Cannes se proyectan películas
en digital y nadie protesta»
-Las proyecciones en DVD son las que
más protestas originan.
-Reconozco que de eso tengo yo la culpa,
pero en ocasiones no entiendo por qué,
ya que son excelentes. En Cannes
muchas de las producciones se proyectan
en digital, incluso se cuela alguna en la
sala grande -algo que nosotros no
haríamos nunca en Calderón,
donde se respetan los 35 milímetros-
y nadie protesta. En el último
festival se exhibió una con los
rollos cambiados y no se dijo nada, cuando
aquí eso sería una catástrofe.
-Un año más no nos han visitado muchos
famosos.
-Este año cerramos con Sofía Loren,
alguien muy famoso y muy importante
en el cine, igual que Alberto Grimaldi.
Sin embargo, yo tenía mucho interés en
que viniera Ermanno Olmi, que en 1964
recibió el Lábaro de Oro de la Seminci
por su cortometraje 'Setecientos
años San Antonio', ya que el festival
presentaba su última
película de ficción, pero
al final no lo ha
hecho porque muchos de estos grandes
directores son ya mayores y no tienen
ganas de viajar. De todas
maneras quienes te pueden
ayudar en esto son las distribuidoras,
que han comprado
la película, porque si ellas
no colaboran no hay nada
que hacer, aunque nosotros
invitemos a todos, como a
Marjane Satrapi, por la que
también teníamos interés.
-¿Cree que el engranaje
ya funciona?
-Yo diría que ha funcionado un poco
mejor, incluso hay mucha gente que nos
lo ha dicho. Pero el problema sigue siendo
el mismo, que otra vez hemos trabajado
en mes y pico y así no se puede trabajar.
Para armar un festival se necesita
todo el año, aunque en enero y febrero se
haga con menor intensidad. No es posible
ponerse al día en lo que hay que hacer y
hacerlo en un mes y pico.
-¿Que va a hacer después de la clausura?
-De momento tomarme una semana de
distancia y después ya veré. No he tenido
tiempo ni de pensar, trabajando en unas
condiciones inhumanas, ocupándome de
muchas cosas al mismo tiempo o empleando
muchas horas en otras que nada
tienen que ver con lo que debiera ser mi
trabajo. Porque, insisto, el problema es de
tiempo, de que los nuevos no le tienen
para enterarse de lo que deben hacer.
-¿Tiene alguna idea nueva para la próxima
edición?
-No sé, necesito pensarlo. Pero, a lo
mejor, debo replantearme si se hacen
ciclos o no. Más que los monográficos
prefiero los temáticos, como el de la prensa
del año pasado o el de juicios de éste,
porque los dedicados a un director cualquiera
puede verlos en su casa. Por tanto
me replantearé cómo hacerlos.
-¿Tiene que decidir usted solo?
-Ese es el problema que estoy muy solo.
No tengo alguien con quien poder discutir
tus ideas y que te contradiga, porque
también en la discusión acaban clarificándose
los proyectos. Carecer de otras
opiniones es casi más duro que recibir
críticas.
-¿Quién puede ser ese alguien?
-Por ejemplo un equipo de selección,
pero con el presupuesto de
la Seminci es
impensable.