YA sabemos que los jurados de
los festivales, además de soberanos,
son imprevisibles. Es
como una condición ‘sine qua
non’. Y también es normal que casi nunca
llueva a gusto de todos. El palmarés
de la 52 Seminci fue fiel a estas normas.
Los tres premios que obtuvo la película
‘14 kilómetros’ en el palmarés oficial
(además de la Espiga de Oro, los premios
a la Mejor Fotografía y a la Mejor
Música) se antojan excesivos. Máxime
cuando este año la sección Oficial ofrecía
títulos como para haber provocado
más de un quebradero de cabeza al jurado
internacional.
El segundo largometraje de Olivares
no es, por supuesto, una mala película,
aunque la historia ya nos la hayan contado
otras veces. Es un filme correctamente
realizado por un documentalista
avezado, pero esa mirada ‘objetiva’ mantiene
al espectador a una prudente distancia.
La cuota de emoción que debería
llevar pegada una historia así no se cumple.
No produce vértigo ni revolución
interna. Da la sensación de que en la
mirada benévola del jurado ha influido
el tema, lo cual tendría su lógica en un
premio del público –éste le ha dedicado
un segundo lugar en sus preferencias–
en un festival de cine de valores humanos
o incluso en otra sección de este mismo
festival. Y esta sensación está presente
en otros puestos del palmarés.
Así las cosas, los dos premios que ha
obtenido ‘La visita de la banda’, quizá la
película más redonda de las que se presentaban
a concurso –ésta, además de original,
nos llevaba al huerto y contaba con
unas interpretaciones magníficas– suenan
a consolación.
El de Karl Markovics como mejor actor
de ‘Los falsificadores’ era uno de los que
se podrían considerar ‘cantados’. La
interpretación de este superviviente encerrado
en un campo de concentración nazi
no era el único mérito de un filme que
podría haber optado a una Espiga. La de
Plata, por ejemplo, que finalmente se ha
llevado ‘Plaza del Salvador’, la película
que comparte con la Espiga de Oro el
poner la mirada en un tema actual y comprometido
–la crisis de la sociedad polaca,
tan similar a las de otras sociedades–
y que en este caso, si acababa distanciando
al espectador, era por sus excesos.
Su protagonista, Jowita Budnik, con su
interpretación de una mujer atrapada en
la desgracia ha conseguido un segundo
puesto en el palmarés para el filme del
matrimonio Krauze.
Más sorprendentes son algunas ausencias.
Se han ido como han venido películas
de peso como ‘Bushi no ichibun’,
de Yoji Yamada o
‘Away from her’, de
Sarah Polley , incluso
la fotografía de Wong
Kar Wai, el mérito
mayor de su última
película. Al menos, en
esta edición el suspense
no estaba en la
ausencia de ‘espigables’.