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Una gran empresa petrolera multinacional compra la vieja estación de servicio de Tres Cerros, un paraje perdido en el medio de la Patagonia. El motivo de la compra es construir allí una estación de servicio moderna, acorde con un emprendimiento turístico internacional que se va a construir en una reserva cercana de elefantes y lobos marinosLos pocos empleados de la estación se quedan sin trabajo. Uno de ellos es Raul «Coco» Spinelli (50 años).Coco llegó a la Patagonia desde Santiago del Estero cuando aún era muy joven y hacia veinte años que trabajaba en esa estación de servicio atendiendo los surtidores y haciendo alguna reparación de mecánica sencilla. Con esta nueva realidad sobre sus espaldas, el mundo de Coco queda reducido a lo poco que puede cargar en la parte trasera de su vieja camioneta: un colchón, algo de ropa, el equipo de mate y una caja oxidada de herramientas.
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