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Janice tiene dos hijos, Ray, de siete años y Tony, de nueve, ciego y mudo y con un posible daño cerebral. El padre de sus hijos le abandonó cuando estaba embarazada del segundo, temeroso de que también pudiera ser autista. Janice se gana la vida limpiando casas y todo tipo de locales. Como no tiene con quien dejar a sus pequeños, les lleva consigo a todas partes. Un día descubre que Tony tiene un don especial.
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