Profesionalmente, David está en la cresta de la ola, pero su vida personal cambia a peor con la misma rapidez que el tiempo.
Un divorcio difícil, la enfermedad de su padre y los problemas con sus hijos tienen a nuestro meteorólogo en vilo. Mientras intenta hacerse con la situación, David empieza a darse cuenta de que la vida, al igual que el tiempo, es de lo más imprevisible.