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El secretario Dürr, a quien Karl Valentin encarna vestido con una ajustada chaqueta negra, unas gafas redondas sobre la puntiaguda nariz, un enorme bigote, una pluma detrás de la oreja y botas extralargas de punta, que dan la impresión de que sus larguísimas piernas casi no tocan el suelo, recibe del gigante maestro de carpintería Robles y de su ayudante liliputano un nuevo escritorio con silla incluida. Pero el "´escritorio hecho a medida", en cuyo concepto el carpintero presenta una factura de 60 marcos, resulta ser demasiado alto.
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