|
|
|
El dueño del cabaret donde trabajan Elena y Chelo como vedettes, con sus respectivos novios, muere dejándole el negocio a don Lupito, quien es muy moralista no quiere abrirlo. Sin embargo, el notario les informa que éste es sólo depositario temporal, pues la heredera real es la señora Fidela, dueña de un puesto, que está enamorada de don Lupito. Ella le propone que se casen y reabren el lugar y todo vuelve a funcionar como antes.
|