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Pinky ha pasado la tercera parte de su vida en la cárcel. Ha aprendido un oficio: electricista. Ahora gracias a su buen comportamiento sale y enseguida encuentra un trabajo. Desde el gran Banco Nacional requieren sus servicios y se convierte en el hombre de confianza del director. Afuera, en la calle le esperan sus antiguos compañeros de fechorias.
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