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Irene (Josiane Balasko) es rescatada de Auschwitz por soldados rusos, y a partir de este momento es una entusiasta de Rusia y considera el país como la mayor fuente de esperanza del mundo. Su marido (Maurice Benichou), mucho más pragmático que ella, en 1958 empieza a tener sentimientos de recelo sobre el entusiasmo que había tenido hacia Rusia y que un día le hicieron decorar su apartamento con todo aquello que encontraba del o sobre el país.
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